Se terminan las vacaciones y toca retomar antiguos proyectos y comenzar nuevos, pero no sin antes evaluar qué nos ha aportado este descanso. El cambio de rutina nos permite reflexionar e incluso ver algunas cosas que teníamos delante y no veíamos. En mi caso, me permite centrarme más en mi familia y aprender de ellos valiosas lecciones.
Cuando observo a mis hijos en su día a día no puedo evitar ver continuas señales de hacia dónde irá el futuro; ellos son el futuro. Tenemos dos opciones: esperar con los brazos cruzados a que toda la generación de inadaptados a la que pertenecemos sea arrollada, o empezar a adelantarnos y obtener alguna ventaja de ello.
Cosas que me llaman la atención del comportamiento de mis hijos:
- No utilizan el teléfono (para hacer llamadas) prácticamente nunca.
- Atienden un montón de conversaciones a la vez y conmutan de la una a la otra con agilidad y tecleando rápido.
- Nunca, nunca, nunca hacen una sola cosa a la vez. Es más, dos cosas es poco. Conmutan entre los libros de texto, Youtube, Whatsapp y la televisión en cuestión de décimas de segundo.